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Durante la época estival, nos relajamos en costumbres, horarios, e incluso alimentación, pero hay ciertos órganos que no debemos descuidar: nuestros ojos. Fundamentalmente porque precisamente en verano se multiplican los posibles peligros al someterlos a altas dosis de exposición a agentes externos como son:

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Dichas exposiciones podrían derivar tanto a corto como a largo plazo en numerosas patologías como el ojo seco, irritaciones, fotoqueratitis, cataratas, DMAE, … entre otras.

Por lo que, tanto adultos como niños deberán extremar las precauciones utilizando gorras para el sol, gafas homologadas o polarizadas, gafas para la piscina o cualquier agua no tratada, dado que es campo de cultivo para microorganismos de todo tipo, así como reducir al máximo la exposición al aire acondicionado y a tablets o smartphones.  Como siempre se ha dicho, prevenir es mejor que curar.