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La disfunción de glándulas de Meibomio (DGM) es una causa frecuente de ojo seco evaporativo, afectando al 70% de las personas en algunas zonas. Se manifiesta con síntomas como escozor de ojos, irritación, visión fluctuante, ojo rojo o lagrimeo. Estos síntomas condicionan la calidad de vida de estos pacientes.

En la DGM las glándulas se reducen, se atrofian y queratinizan. El fluido meibomiano se hace más viscoso. Esto reduce la salida del fluido procedente de las glándulas favoreciendo la presencia de bacterias. Estas bacterias acaban reduciendo la salida del fluido de las glándulas de Meibomio.

Entre los signos que aparecen, destaca el taponamiento de los orificios de las glándulas, enrojecimiento, telangiectasias, irregularidad del borde palpebral, etc. En casos más severos se puede observar la ausencia de contenido de las glándulas o la expresión de un fluido sebáceo denso. El tiempo de ruptura de la lágrima se encuentra acortado y la película lagrimal se aprecia más grasa de lo normal. Finalmente, las glándulas dejan de secretar y se produce la evaporación de la lágrima y, por tanto, la sequedad ocular y la inflamación consecuente.

El uso de lágrimas artificiales, aplicación de calor y expresión de las glándulas, suplementos de omega 3, antibióticos de uso oral y en gotas, eran hasta hace poco el único modo de tratar dicho problema.

La terapia mediante luz pulsada intensa (IPL) se ha demostrado eficaz para el tratamiento de la DGM. Es un tratamiento muy empleado en estética para la hipertricosis, manchas de la piel, telangiectasias, eliminar el vello, etc. Al aplicar este tratamiento para patologías de la piel como la rosácea, se comprobó que la superficie ocular mejoraba, de ahí que ahora se emplee para el tratamiento del ojo seco.